Agitando el alma

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He tenido la gran suerte de ser invitado a comer por una persona cercana a proyecto hombre en una de sus “granja escuela”, es una asociación que permite que un grupo de personas con diferentes tipos de dependencia ingresen en una comunidad, una gran familia con estrictas normas que de seguirse, poniendo mucha voluntad y sacrificio permitirán que la persona en cuestión se convierta en una persona no dependiente. Estas personas tienen que pasar por un proceso muy duro en el que deben rehacerse a sí mismas para reinsertarse, esto no es fácil, pues luchan contra tabúes sociales, la dependencia que les ha motivado entrar en la comunidad y contra sí mismos, contra su propio ego, que en muchos tantos casos supone la gran barrera contra la que luchar.
La persona que me invitó está practicamente reinsertada, debe estar orgulloso de sí mismo, pues no es fácil, es un proceso duro y largo que te limita en muchos aspectos para que las raíces de su persona sean fuertes.

Me ha permitido aprender o simplemente recordar unos importantes e indispensables valores que jamás hemos de olvidar:

Siempre se puede y se debe evolucionar, se debe aprender a evolucionar de cualquier experiencia de la vida, aprendiendo a acercarnos a aquella luz que SI necesitamos y a huir de la oscuridad que NO necesitamos.

Para aprender hay que estar dispuesto a ello, hay que abrir el corazón y la mente, eso que socialmente está tan mal visto, pues la matrix nos enseña a todo menos a usar la mejor de nuestras armas, que no es otra que nuestra propia mente y por supuesto nuestro enorme corazón.

Hay que luchar contra los miedos, superandonos a nosotros mismos, todos y cada uno de nosotros afrontamos a nuestra manera los miedos que nos acechan, pero jamás debemos permitir que esos miedos nos hagan entrar en una dinámica negativa y/o destructiva que nos lleve a tomar decisiones erróneas.

No hay que juzgar si no conoces la historia de la persona a la que estás juzgando, es injusto, y es algo que habitualmente hacemos, realmente no conocemos en profundidad la realidad de ninguna de las personas que nos rodean.

Siempre tenemos personas que nos son fieles, de verdad, de corazón, fieles al punto de acompañarnos en la oscuridad cuando más lejos estamos de la luz para acercarnos a ella, ¿acaso no es un motivo para luchar?

Aquella “familia” logró emocionarme con sus sentimientos a flor de piel, con sus inseguridades mostradas a las claras, todos y cada uno de ellos tienen una historia detrás y me fué inevitable empatizar con ellos, con sus maneras de expresar su malestar, su alegría, sus miedos o sus inseguridades, ole sus cojones, ánimo chicos, hay muchas razones por las que luchar, sólo hay que abrir bien los ojos…
Por cierto, tú, el que has motivado este texto, aquí tienes un amigo, ya lo sabes.

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